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El acoso sexual


Jorge Pereyra

El acoso sexual es un nuevo término para describir un viejo problema. A lo largo de los siglos, generaciones de mujeres han sido víctimas de una presión sexual molesta en el trabajo y también de un comportamiento ofensivo basado en su sexo. Pero ha sido recién en el último cuarto de siglo que se ha dado un nombre a esta conducta.

Hasta hace poco, el acoso sexual era considerado como una afrenta a la que una mujer tenía que arriesgarse para que se le permitiera trabajar. Pero felizmente nuestra sociedad ha ido madurando hasta reconocer que es un problema que debe tratarse jurídicamente, especialmente si queremos cumplir la legislación existente sobre igualdad sexual.

Está comenzando a surgir el consenso de que no es suficiente proporcionar una compensación a una víctima del acoso sexual después de que se haya causado el daño, sino que se deben aplicar políticas y procedimientos preventivos a nivel empresarial con objeto de reducir el riesgo de acoso sexual.

Uno de los mitos respecto al acoso sexual es que se cree que es un problema relacionado exclusivamente con las mujeres bellas. No hay víctimas típicas del acoso sexual. Aunque la probabilidad de ser acosado sexualmente está más estrechamente asociada con la vulnerabilidad o dependencia económica del acosado, y no precisamente con su apariencia física.

Las mujeres de minorías étnicas, aquéllas que laboran en trabajos predominantemente masculinos, las recién ingresadas en la fuerza del trabajo y las mujeres con contratos precarios, son las que tienen más posibilidades de ser acosadas. Los hombres también pueden sufrir acoso sexual, aunque el problema es menor.

El acoso sexual es una de las experiencias más degradantes, desagradables y ofensivas que un trabajador puede sufrir. Las víctimas, a menudo, sufren sentimientos de asco, violación, cólera e impotencia. El acoso sexual perjudica la salud de la víctima y también produce "stress" físico y emocional.

Las empresas sin una política para abordar los incidentes de acoso sexual se enfrentarán a problemas de absentismo, baja productividad, pérdida de trabajadores valiosos, demandas y sentencias costosas de indemnización de los trabajadores sometidos al acoso sexual.

Y son las mismas mujeres las que exigen (cada vez más) que se les permita dedicarse a su vida laboral sin sufrir los inconvenientes del acoso sexual.