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AMERICA


América Latina busca otro nombre


Jorge Pereyra

Hoy en día es común el debate sobre la conveniencia de los términos empleados para describir la realidad latinoamericana. Actualmente la discusión es mayor en las ciencias sociales, porque están en crisis ante su escasa capacidad para dar respuesta a los profundos y veloces cambios que ocurren en la humanidad.

Latinoamérica es uno de esos conceptos que se están revisando. Parece que el nombre de este subcontinente (multicultural, multiétnico y multilingüe) es una herencia francesa que ya no es capaz de expresar su compleja realidad.

Estas tierras no son exclusivas de los latinos. Aunque sus instituciones, para bien o para mal, hayan prevalecido después del brutal choque cultural, militar e ideológico.

Lo que se conoce con el reduccionista nombre de Latinoamérica es también Indoamérica, Afroamérica y mucho más.

En "América Latina" hay cerca de 40 millones de indígenas, divididos en unos 400 grupos étnicos. La población negra de origen africano es también muy significativa en toda la Costa Atlántica. Además se encuentran inmigrantes de todas las regiones del planeta. Obviamente, ellos no pueden reconocerse a sí mismos bajo la incompleta e inexacta denominación de latinos.

Nuestra riqueza cultural es inmensa y la historia tiene mucho que explicar al respecto. Por esa razón, no se pueden comprender los procesos políticos y económicos de la región desde una sola perspectiva cultural (la latina), homogeneizando así una realidad tan diversa.

En estas tierras, donde esperanza y fatalismo se confunden, donde la paradoja vida-muerte está presente en cada instante y rincón, quienes pretenden entender lo que ocurre se enfrentan a otro problema que va más allá de la discusión conceptual.

Quienes solían ser los objetos de estudio, son ahora los sujetos de sus propios procesos de transformación. Los movimientos indígenas han demostrado que no necesitan de intermediarios para contar su verdad.

Ya no se necesitan antropólogos del "primer mundo" que vengan a definir el ser indígena ni, mucho menos, a dictar qué tipo de valores y normas culturales deben preservar.

Siempre nos han bautizado desde Europa o desde el Norte. Sus nombres y sus idiomas han ocultado nuestra realidad.

Es tiempo de repensar, desde nuestra propia perspectiva, quiénes somos y quiénes queremos ser.

Es tiempo propicio para bautizarnos a nosotros mismos.