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Amores cibernéticos


Jorge Pereyra

Los corazones solitarios tienen ahora, gracias al descomunal desarrollo del Internet, la posibilidad de comunicarse entre sí en un abrir y cerrar de ojos, así vivan en las antípodas del mundo.

Claro que una cosa es comunicarse y otra conocerse.

La pantalla de la computadora es muy fría e impersonal y no nos permite comprobar a ciencia cierta cómo es realmente la persona al otro lado de la línea.

Y esto es lo que ha determinado (dejando a un lado los casos exitosos en los que ambos han encontrado el amor de su vida), que el amor cibernético sea actualmente la causa número uno de los corazones rotos y desengañados.

Desde su computadora, y sin salir de casa, usted puede contactar a cientos o miles de corazones solitarios como el suyo. Y puede sentir la tentación de seducirlos a todos y de hacerles promesas que no va a cumplir. En otras palabras, usted puede convertirse en un Don Juan o en una Mata Hari cibernéticos.

El anonimato y la ausencia de contacto físico, permiten que el conquistador cibernético se fabrique una irresistible aura o personalidad que venza fácilmente el miedo, la precaución y el deseo de no ser heridos que naturalmente poseen sus víctimas.

Es mucho más fácil mentir o falsear la verdad frente a una pantalla que ante una cara con ojos, gestos y reacciones.

La mayoría de los amantes cibernéticos miente descaradamente al describir su apariencia física, su personalidad, estado civil y su situación económica. Los chaparros son altos, los gordos son flacos, los pobres son ricos, y los viejos son jóvenes.

Y este ser casi perfecto puede entonces recurrir a todo su arsenal seductor: usar palabras bonitas, ser sensible, mostrar interés, contar alguna historia simpática, subrayar rasgos comunes, etc.

La noche es el momento en que los seres humanos somos más vulnerables, especialmente si estamos solos o necesitamos cariño. Y este es precisamente el momento en que los anónimos conquistadores atacan u olfatean a sus víctimas.

Pero no todo es negativo en Internet. También abundan las bellas historias de amor de personas que lograron encontrar su perfecta media naranja gracias a este medio electrónico.

Por lo tanto, usemos el Internet como una alternativa más y no como un medio exclusivo para encontrar el amor.

Pese a los sorprendentes avances de la ciencia y la tecnología, todavía sigue siendo más efectivo el antiguo método de conocer a una persona mirándole a los ojos e interactuando con ella.

O como reza el viejo dicho: "ver para creer".