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Buenas noches, mister Clinton


Jorge Pereyra

Las últimas semanas de Bill Clinton en la presidencia se caracterizaron por un ritmo de trabajo digno de un mandatario recién electo.

Hasta última hora, Clinton promulgó numerosos decretos ejecutivos sobre temas de todo tipo, entre ellos uno referido a la seguridad de los ancianos, y también se embarcó frenéticamente en lograr un acuerdo de paz para Medio Oriente.

Esfuerzo inútil, porque George W. Bush, horas después de asumir la presidencia, firmó con celeridad y con una gran variedad de lapiceros sendos decretos ejecutivos que dejaban sin efecto los primeros.

Clinton se marcha de la Casa Blanca con una agenda incompleta, objetivos fallidos y esperanzas frustradas.

El 20 de enero concluyó el segundo mandato de Bill Clinton y el presidente electo George W. Bush juró como nuevo presidente de Estados Unidos, todo ello en medio de masivas protestas en Washington encabezadas por un gran número de organizaciones.

Los 8 años de presidencia de Bill Clinton serán recordados como años de prosperidad y de escándalo.

De no haber sido por los escándalos sexuales, la era Clinton habría sido recordada como la era de la riqueza. El "niño terrible" de Arkansas logró transformar una economía postrada y con un déficit crítico, en una economía con un superávit y con una tasa de desempleo de tan sólo 4%. No obstante estos logros, Clinton también será recordado por el caso Lewinsky y por la persecución implacable de sus enemigos.

Clinton fue el gran arquitecto para la paz en Irlanda del Norte y en Bosnia. La paz en Medio Oriente que tanto buscó afanosamente le resultó esquiva. Clinton admitió que el proceso se había "empantanado" y cambió la prioridad a reducir las diferencias entre Israel y los palestinos, en lugar de forzar un acuerdo.

En asuntos nacionales, las iniciativas de Clinton para utilizar el superávit presupuestario en los programas de bienestar social y asistencia médica no recibieron el beneplácito del Congreso dominado por los republicanos.

La misma suerte tuvieron las propuestas para restringir la compra de armas de fuego, una reforma del sistema de financiación de las campañas electorales y la ley para castigar los delitos promovidos por el odio racial.

Y en lo que toca a nosotros, los latinos que vivimos en este país, el balance de la era Clinton podemos catalogarlo de positivo. Antes de irse nos dejó la ley de inmigración 245 (i) para facilitar la legalización de miles de indocumentados. En definitiva, no adoptó medidas espectaculares para beneficio de los latinos, pero tampoco nos hizo daño.

En lo que toca a las relaciones de Estados Unidos con América Latina, el ex mandatario no pudo lograr del Congreso la aprobación de la "vía rápida" para la conformación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Pero por sobre todas las cosas, Clinton fue siempre la imagen del presidente incansable que nunca dormía y lleno de una rebosante energía.

Por eso no nos sorprenden sus declaraciones al diario The Washington Post: "Lo único en lo que me pasé pensando en mi último año fue seguir trabajando sin cesar. No quería ni dormir. A partir del 20 enero podré hacerlo. Y eso es lo que voy a hacer".

Shhh, silencio, por favor. El ex presidente, está durmiendo.