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El general sí tiene quien le escriba


Jorge Pereyra

Cuando un hombre causa la muerte de otro se lo somete a juicio y paga por su crimen. Pero cuando es responsable de la muerte de cientos, miles o millones de individuos entonces se le llama héroe o Salvador de la Patria. Pareciera, como decía Charles Chaplin, que el número justifica y legitimiza la obsesión genocida. Nada más absurdo ni más inmoral.

Le escribo esta carta abierta, general Pinochet, pues hace unos días leí que "por razones humanitarias" y porque está usted enfermo, se estaba gestionando su retorno a Chile. No entiendo cómo se pueden invocar esas razones para una persona como usted que jamás se distinguió precisamente por respetar los derechos humanos.

Yo no tengo nada personal contra usted general. Sólo deseo que le hagan un juicio justo, apegado a derecho, a diferencia del que usted le negó a miles de chilenos.

Tampoco quiero que nadie lo golpee, lo torture o humille. Que no le quemen su casa o desaparezcan a sus familiares. Menos aún que carceleros bestializados lo cuelguen de los pulgares, le administren cargas eléctricas en los testículos o que le quiebren la cara a culatazos.

No general, esas bestialidades no se dan ni siquiera entre los animales. Yo deseo que no le hagan lo que sus subordinados, bajo sus órdenes, le hicieron a miles de chilenos y a otros ciudadanos de Argentina, España, Francia, Estados Unidos, Alemania, Suecia, etc.

Deseo que le organicen un juicio justo y que le preparen una celda limpia y cómoda en la que pueda pasar sus últimos días sin padecer frío ni hambre.

Si esto se logra, general Pinochet, entonces la humanidad habrá dado un gran paso hacia el reencuentro consigo misma.

Finalmente, le tengo cierta lástima. Pues sospecho que, desde hace muchos años, usted no puede dormir de noche. Pues es el momento en que sus recuerdos se tiñen de sangre y los fantasmas de los que mandó matar vienen a atormentarlo.