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El ejercicio de la democracia


Jorge Pereyra

Votar es negarle a una ínfima minoría que decida el color de nuestros sueños. Y cuando la mayoría se expresa, sumando sus individualidades, acalla el solitario reinado de la intransigencia, el abuso y el egoísmo.

El voto es la semilla del acuerdo común y sólo es posible ejercerlo dentro de la libertad. Es la bala de plata con la que se fusila a los dictadores. Aunque a veces, como la definió alguien, la democracia también es la dictadura del número.

Claro que, a unos meses de que acabe este milenio, la democracia sigue siendo imperfecta.

Pero la más horrenda democracia sigue siendo mejor que la más bella de las dictaduras. Gracias a ella, podemos ordenarle al poder que cambie de piel como lo hacen las culebras o decirle a la imaginación que ya es el momento de que se transforme en gobierno.

Desgraciadamente, como latinoamericanos, provenimos de una región en cuyo suelo ha proliferado de manera casi constante la malahierba dictatorial y la democracia ha sido sólo flor de un día.

Y la mayoría de las veces que hemos votado con "v" chica, nuestros militares han botado con "b" grande.

Sumado a eso, el fraude y la manipulación de los resultados electorales nos ha vuelto escépticos sobre la posibilidad de cambiar nuestra situación a través del voto.