IR A PORTADA
Palabra de miel

PROLOGO

Penetrar en los versos de Jorge Pereyra es zambullirse en un mundo alucinante de abejas de porcelana con espuelas azucaradas, duendes fusilados, soles negros comidos por las ratas o corazones que se derriten. Es encontrarse, de pronto, dentro de una pintura surrealista de Remedios Varo o, mejor aún, de Salvador Dalí. Es también perseguir la realidad hasta los últimos recovecos donde ella se esconde o hasta los últimos disfraces que ella pretende usar.

Pero es también meterse en otra música que se nos antoja, a veces, estridente. Bruscos vuelcos de montaña rusa para sacudir nuestras esencias de suyo adormiladas. Bach señalaba, en una cápsula de sabiduría estética, que las disonancias son más duras en tanto más se acerca uno a la armonía. O como enseñaría más tarde Chejov, buscar la belleza en los contrastes.

Hurgar en los versos de Pereyra es también descubrir un descontento permanente con la forma. Un afán perfeccionista que pule lo pulido y que decide siempre que una palabra o un verso entero siguen precisando tratamiento. Ir más allá de la palabra misma para tratar de establecer su melodía intrínseca y así armar canciones permanentes.

Se adivinan, se sienten, están ahí, otras voces. Voces de las que no podemos, no debemos, deshacernos todos los que usamos esta bella lengua para decir amores. Voces de César Vallejo, Miguel Hernández, Neruda, etc. El que esté libre de herencias que lance su primer poema.

Dejemos la soberbia. Solamente somos la suma de aquéllos que nos precedieron y dijeron las mismas cosas mejor de lo que nosotros sabemos decirlas. Dejemos la modestia. Somos precedentes de quiénes más tarde pretenderán decir las cosas, las mismas cosas, mejor de lo que nosotros hemos podido.

Los poemas de Pereyra son una sucesión de paisajes interiores aunque se nos hable de Cajamarca. Son confesiones unipersonales e íntimas, autobiográficas, aunque los personajes entren y salgan de los versos como Pedro de su casa. Son versos de amor, ¿acaso hay otros?, aunque se hable de jazz o de perros atropellados en la carretera.

Pudiera parecer en "In Artículo Mortis" que si "lo nuestro fue mas bien un doloroso ensayo y una sospecha bella de todo lo que será mañana", estamos acudiendo a un artificio plañidero. Pero, después de todo, ¿qué otra cosa es el amor sino una serie de clamores en su búsqueda? Y no se nos olvide que el arte, el artificio, se reduce a una cadena de trucos, de bellas mentiras. Y también a un fingir eficiente en el eterno afán de parecer más bellos y de ser más buenos. A veces se logra.


Félix Cortés Camarillo


Indice Poemas


Abril
Agua bella
Agua sedienta
Bosque de amor
Cholita cajamarquina
Confesión a mi mismo
Cuando me muera
Esta tarde
Guitarra de arlequín
In articulo mortis
Jazzeando
Juguete de nadie
La puerta del viento
Las vocales del duende
Memorias del olvido
Música para sordos
Nadia
Odio estar enamorado
Palabra de miel
Perro de peluche
Pianista
Piedra herida
Poema de alcoba
Post Data
Reina de corazones
Río de amor
Rosa amorosa
Samaritana
Sensualidad
Sol de medianoche
Virgen del maíz
Yo te he querido

Arriba