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NADIA

NADIA


Pero qué bello fue abrir
Las cortinas del amor por primera vez
Y poner colores allí donde la vida olvidó colocarlos.

Quizás en el futuro
Entenderemos mejor al mundo con la yema de los dedos

Ahora tú y yo sabemos que
Los amores felices descansan en planetas antiguos
Y en un brasero se extinguen todos los dolores futuros.

Somos dos siameses inseparables
Por la gracia del amor
Y hemos visto a las alondras masticar sus semillas de plata
Mientras entraba la mañana por nuestra ventana
Como un riachuelo de meteoros fosforescentes

Enséñame la rama que conserva tu olor
Para soportar esta distancia
Y déjame leer todas las páginas del libro de tu vida
Para demostrarte esa leyenda estúpida que dice que el amor es para siempre.

¿Donde se esparcen las moléculas de tu cuerpo
Y en que pradera se desbocan tus espasmos y escalofríos tibios
Cuando te lame la magia de mi boca?.

Cada vez que mi recuerdo te toca
Me alejo hacia un verano sin espejos
Donde las esponjas del silencio me maltratan con sus agujas de sal
Y me vacío completamente
De la miel dorada que humedece a los amantes.

Mis ojos se parecen al agua cuando te buscan
Pues al alejarte de mis raíces
Me convertiste en un árbol quemado.

Una habitación vacía
Y una mancha de vino en la pared
Es todo lo que me queda de ti.

Te fuiste de mi vida como el más triste bolero
Que canta aquellos recuerdos que no perdonan.

Y me dueles
Como una estrella mordida,
Una sábana anudada,
Una sombra acuchillada,
Un beso aplastado sobre el ardiente pavimento.

Ay, Nadia, amor mío,
Quiero seguir siendo el garabato de tu odio y de tu amor,
La risa de tus locas castañuelas,
Una pizarra en blanco donde escribas la luminosa palabra del amor,
Y el alocado bocado de tu boca.

Una agua negra anuda mi voz
Cada vez que te llamo
Y por eso quiero dinamitar la pesada roca que amordaza este silencio.

Grité cuando tus abrazos se cerraron,
Maldecí cuando tus besos se esfumaron y
Lloré cuando tus palabras se acallaron.

Tú eres el último autobús de mi vida.
No me dejes esperándote para siempre
En el despoblado andén de mis sueños.

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