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Niños que matan


Niños que matan


Jorge Pereyra

Hoy en día más de 300,000 “niños soldados”, menores de 15 años, participan en forma activa en alguno de los más de 30 conflictos bélicos que se libran en el mundo.

Mientras que en Occidente es muy común que los niños vayan a la escuela, practiquen deportes, vean la televisión o se diviertan con videojuegos, en algunos países de África, Asia, América Latina o del Este de Europa, miles de niños de la misma edad son obligados a observar diariamente el rostro de la muerte y a matar sin escrúpulos a otros seres humanos.

Estos “niños soldados” pertenecen desde los 12 años a grupos guerrilleros o paramilitares y, en muchos casos, también integran las filas de las fuerzas armadas de algunos Estados que se definen a sí mismos como “democráticos”.

Para evitar que la barbarie contamine la llamada “edad de la inocencia”, la ONU ha puesto en marcha una propuesta concreta: prohibir la participación de niños soldados en las guerras e impedir que niños menores de 18 años cumplan el servicio militar obligatorio.

Pero esta iniciativa, como tantas otras, tardará al menos dos años en hacerse efectiva y aún debe pasar por otros organismos internacionales y por los parlamentos nacionales de cada país para ser aprobada.

Según la propuesta de Naciones Unidas la edad mínima de reclutamiento voluntario está fijada en 16 años debido a que países como Estados Unidos y Gran Bretaña se oponen a su aumento a los 18, argumentando que perderían importantes recursos humanos si no pueden ofrecer a los jóvenes que terminan la secundaria una oportunidad de sumarse al ejército de inmediato.

Con esta actitud, los dos gigantes occidentales bloquean una iniciativa que deja indefensos a miles de niños, sobre todo a aquellos que pertenecen a países del Sur, en los que el control sobre la edad y el respeto por la infancia son una quimera.

Entre la lista de países que cuentan con más niños soldados en sus conflictos, destacan Birmania, Sri Lanka, Sierra Leona, Camboya y Afganistán. También sucede en Colombia, El Salvador y Perú.

En algunos lugares, los niños son reclutados a punta de fusil, pero a menudo son la pobreza, la propaganda y la exclusión social las que les empujan a integrarse en las milicias o los ejércitos.

Tampoco podemos olvidar a los miles de niños que son utilizados de forma indirecta, como mensajeros suicidas, exploradores para reconocer campos de minas, escudos humanos frente a ataques del enemigo.

¿Cómo convertir a un niño en un guerrero?. Una de la tácticas más frecuentes consiste en exponerlo al horror y la violencia desde que apenas puede caminar. Haciéndole familiar el contacto con las armas, con los fusilamientos y con la disciplina militar se consigue insensibilizar al niño y prepararle para la guerra. En ocasiones, también se les acostumbra a consumir drogas y alcohol para asegurar su dependencia y, así, garantizar su adhesión a la causa.

La sociedad civil y las distintas asociaciones sociales deben reaccionar, a fin de garantizar para todos los niños del mundo la existencia de una infancia digna alejada de los fusiles. Pues, si sólo se les enseña el camino de las armas, ¿cómo van a defender, cuando crezcan, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos?.