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Palabra de miel


Palabra de miel


Jorge Pereyra

A veces hablamos por hablar, vivimos por vivir, queremos por querer, pensamos por pensar o soñamos por soñar. Y, claro está, lo bueno de todo esto es que lo hacemos por gusto y con gusto.

El buen gusto es ese placer de vivir, de pensar, de querer o de hablar por ese gusto. Pues el mal gusto nunca es satisfactorio, sino disgusto.

Y si hablamos por el solo gusto de hablar, a veces también hablamos porque no sentimos ese gusto. Hay entonces un hablar a gusto y otro a disgusto.

El que habla por no hablar, suele hacerlo a disgusto, y su habla no tiene gusto propio. Cuando callamos a la fuerza no callamos a gusto. Pero cuando callamos por callar podemos hacerlo a gusto.

Callar por callar. Hay silencios que gustan o disgustan. Silencios elocuentes, fabulosos silencios que hablan y silencios mudos. Estos últimos se abren como tumbas. Señalándonos como a Hamlet, su espantoso vacío y desesperanza.

El poder de la palabra

En un principio fue el verbo. No hay nada más poderoso en el mundo que la palabra. Dios nos da el habla y la muerte nos la quita.

El habla es vida fabulosa. Napoleón solía decir que el español es un habla para hablar con Dios. Y según decía el poeta Machado, el que habla solo algún día hablará con Dios.

Pero si el hombre no habla, si se queda solo con su voz, con sus palabras, con sus ecos, es posible que sólo hable con el mismísimo diablo.

Hemos recibido de Dios el habla, la poesía, la vida y el pensamiento. Usemos la palabra para hablar también con los demás y no sólo con nosotros mismos. Y tan sólo así llegaremos algún día a hablar con Dios.

La palabra del silencio

Un hablar por hablar, que abre a veces también otros “maravillosos silencios” gracias a la palabra humana que tan fabulosamente los crea.

El lenguaje poético es habla corriente, que corre como el agua, que corre en el tiempo y con los tiempos, para hacerse claro y transparente. Es un lenguaje popular que no es de nadie y es de todos.

El habla es vida para hablar con los vivos. Felizmente, nosotros los latinos, todavía hablamos por gusto y con gusto al que nos habla.